Le escribo a usted, entonces, puesto que un alma entregada a su propia nada no tiene otro recurso que la imbécil gimnasia literaria de expresarla.
-El desesperado, León Bloy
En un teatro se declaró un incendio en los bastidores. Salió el payaso a dar la noticia al público. Pero éste, creyendo que se trataba de un chiste, aplaudió. Repitió el payaso la noticia y el público le aplaudió más aún. Así pienso que perecerá el mundo: bajo el júbilo general de cabezas alegres que creerán que se trata de un chiste. -Kierkegaard
Juan Manuel Escamilla
Méjico
Dandi con lamparones. Poeta a malosratos; en los buenos, burgués -uno que confía en que la cuerda se rompa llegada la hora sexta-.
Me alejé de los hombres para acercarme a Dios y los perdí a ambos. Entonces, después de la vía interior y la poesía, busqué a las mujeres. No me fue mejor.
Un día fui ascético. Hoy me conformo con ser aséptico.
Estoy esperando el día en que me recluyan en un sanatorio de salud. Sólo quiero ser un payaso que coleccione momentos.
También opino que el Teatro se está quemando y no lo encuentro divertido.
(...) Todo quiere ser cuerpo. Mariposa, montaña, ensayos son alternativos de forma corporal, a un mismo anhelo: cumplirse en la materia, evadidas por fin del desolado sino de almas errantes. (...) ¡Afán, afán de cuerpo! Querer vivir es anhelar la carne, donde se vive y por la que se muere. Se busca oscuramente sin saberlo un cuerpo, un cuerpo, un cuerpo. (...) Y ahora se le conoce, ya, clarísimo. Después de tantas peregrinaciones, por temblores, por nubes y por números, estaba su verdad definitiva. Traspasamos los límites antiguos. La vida salta, al fin, sobre su carne, por un gran soplo corporal henchidas las nuevas velas: atrás se cierra un mar y busca otro. Encarnación final, y jubiloso nacer, por fin, en dos, en la unidad radiante de la vida, dos. Derrota del solitario aquel nacer primero. Arribo a nuestra carne trascorpórea, al cuerpo, ya, del alma. Y se quedan aquí tras el hallazgo -milagroso final de besos lentos-, rendidos nuestros bultos y estrechados, sólo ya como prendas, como señas de que a dos seres les sirvió esta carne -por eso está tan trémula de dicha- para encontrar, al cabo, al otro lado, su cuerpo, el del amor, último y cierto. Ese que inútilmente esperarán las tumbas.